Ithaka 9º Aniversario

El pasado sábado el grupo juvenil Íthaka se reunió para celebrar sus nueve años disfrutando del camino. Os dejamos una historia que les llegó de unos personajes que seguro conoces. ¡¡Disfrutando del camino… seremos amigos!! Íthaka

JUEVES 20 DE OCTUBRE DEL 2016

El aviador estaba emocionado. Como cada año, al empezar el otoño, sabía lo que se avecinaba. Había salido antes de trabajar, y apresurando el paso se dirigía a casa. Las llaves le resbalaron entre los dedos frente al portal, tal era lo nervioso que estaba. Saludó al portero de refilón, y ansioso se lanzó hacia su buzón.

Ahí estaba. Como cada año desde hacía nueve. Un sobre blanco, sin remitente ni dirección. El aviador sonrió y lo recogió.

Ya en su piso dejó el sobre en la mesa del comedor, guardó el abrigo en el ropero, y puso el agua a hervir. Encendió el fuego, y esperó pacientemente a que la tetera silbara. Se preparó un té, el de todos los años, el que solo tomaba en esa ocasión, en ese día, el 20 de octubre. Con todo preparado cogió el sobre, se acomodó en el sofá, y sacó la carta.

La carta no tenía dirección, ningún nombre, ni nada que a ojos de la gente pudiese indicar de quién procedía ni a quién estaba siquiera dirigida. Pero él sabía de quién era. Sabía que la carta llegaría, tal y como habían llegado todas las anteriores. La carta estaba escrita por su Principito.

Un año más se deleitó con las nuevas aventuras que su diminuto amigo le relataba. Le alegró saber que su rosa seguía tan hermosa como siempre, también igual de testaruda. Los volcanes seguían limpiándose todas las mañanas, era importante deshollinarlos todos. Este año la novedad era que el Principito por fin había conseguido un bozal para su cordero; se quedó tan desilusionado cuando tuvo que dejar la Tierra sin él…

El aviador estaba feliz. No tenía forma de ponerse en contacto con el Principito, aunque le hubiera gustado no hubiera sabido a dónde dirigir las cartas que escribiese. Pero recibirlas era para él motivo suficiente de alegría. Aunque hacía años que su diminuto compañero había dejado el planeta, seguía acordándose de él, diariamente.

Y así, sin haberlo acordado, cada 20 de octubre se había convertido para él en el día más especial del año, en el día en que sabía que recibiría noticias de otro planeta.

Emocionado se levantó del sofá, y con la carta en la mano, se dirigió a la cajita de madera que tenía en una de las estanterías. Allí guardó la carta, con el resto. 9 cartas en total. Una por cada año. Cerró la caja y la dejó en su sitio, donde estaría hasta el año siguiente. Cuando recibiese la siguiente carta…

 

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